Oda a la Silla del Capitán

No soy amante de los gimnasios, pero llega esta maldita edad en la que te tienes que obligar a hacer deporte y pagar es una buena manera de hacerlo, ya que si no vas estás perdiendo plata. Además que la caminata a la casa ya no hace los mismos efectos que hace 5 años atrás, hoy hay que tomar medidas extremas.

Me inscribí en un gimnasio y lo típico, uno se inscribe para que te hagan la evaluación, pero se demoran más de un mes, cuando tu plan ya venció y por lo tanto decidí incursionar en los aparatos por mí misma.

Así partí mi rutina con la elíptica, un poco de trote y luego subir a la zona de máquinas. El lugar preferido de los hombres que se miran entre ellos envidiándose los músculos unos a otros. Cual primer día de trabajo, calladita, tratando de pasar piola, me fui subiendo a las maquinas e imitando a los demás. Cuando uno no sabe qué hacer lejos lo mejor es imitar, así si la estas cagando, la estas cagando con alguien y no sólo. Es una forma de dar apoyo moral también al resto.

Bueno, logré hacer ejercicios en varias maquinas que les adelanto, me dejaron inválida todo el fin de semana sin poder moverme, hasta que mi mirada se desvió a una especie de silla, sin asiento sólo con respaldo y apoya brazos extrañamente puestos en altura.

Lo que parecía un aparato de tortura Japo, era en verdad una máquina para hacer abdominales oblicuos, esos para la ponchera satánica que no se va con nada!! Las personas llegaban, apoyaban sus brazos, la espalda y subían las piernas una y otra vez, se veía de lo más fácil.

Entonces me dije, esto lo tengo que intentar, más aún cuando uno de mis objetivos primordiales y creo que por lo único por lo que sigo yendo a ese lugar infesto de Endorfinas, es porque quiero lograr el soñado vientre plano y esa máquina tenía que ser para mí!!

Me subí y comencé a subir las piernas, al principio no sentía nada, pero entonces un cosquilleo extraño apareció. Me asuste, pero seguí, estaba agradable. Entonces fue cuando el cosquilleo aumentó, aumentó y ya no podía parar, no había vuelta atrás. Llegue a esa situación de película en la que la mina dice no, no, no y termina con un bueno ya, dale más, más, más fuerte. Ese querer y no querer estar queriendo, qué horror!!

Sin darme cuenta, o sin ser completamente consiente del hecho había tenido un orgasmo ahí frente a unas 30 personas, cada una en su parra y yo con una sonrisa de lado a lado en la que ahora sé, se denomina “La Silla del Capitán”

No estoy con el Kino acumulado si eso es lo que están pensando, tengo una vida sexual activa, entonces pensé que tenía un problema, algo así como una hipersensibilidad en esa zona.

Gracias a mi amigo Google me enteré de que esto es de lo más normal y que le pasa a muchas mujeres. Es mas la universidad de Indiana hizo una encuesta a 124 mujeres y todas  afirmaron haber experimentado orgasmos inducidos por el ejercicio, pero nadie lo comenta, es un secreto muy bien guardado entre féminas.

Una nueva motivación para hacer deporte, aguante la silla del capitán!!

Atte: La Pata Pelá

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